Antes de comenzar este pequeño homenaje a uno de los futbolistas más legendarios de la historia debo pedirles perdón por varias cosas. En primer lugar por no ser portugués. Nací en el lado opuesto de la península y es evidente que no podré expresar la pasión que despierta este emblemático personaje. Y en segundo lugar porque no tuve el placer de verle jugar, el destino me depara disfrutar de otros grandes futbolistas como Luis Figo, Rui Costa, Deco o Cristiano Ronaldo, pero puede que me haya perdido al mejor portugués de todos ellos: Eusébio Ferreira.
José Mourinho: "Nos ha dejado una vida ejemplar, pero yo prefiero verlo desde la perspectiva de la inmortalidad."
Ayer, le perdieron también los que lo conocían. Seis millones de reconocidos hinchas lloraban la pérdida del emblema del Benfica como también lo hicieron reconocidas personalidades de ayer y de hoy. El corazón de la pantera se detuvo la víspera de la noche de Reyes de 2014, dejando tras de sí una leyenda y el orgullo de África y Portugal.
Hijo de un empleado de ferrocarriles blanco y de Elisa Anissabeni -natural de Mozambique-, Eusébio Da Silva Ferreira nace en Maputo, Mozambique, el 25 de enero de 1942. Los pies descalzos de Eusébio comenzaron a galopar en el barrio de Malafafa, y es allí, en su barrio de nacimiento donde probablemente nació su fútbol y su idilio eterno con el gol.
A día de hoy sigue siendo polémico su pase a Benfica. Desde los quince años arrasaba en el Grupo Desportivo de Lourenço Marqués, hoy simplemente Grupo Desportivo de Maputo. Mientras el Sporting de Portugal negociaba el fichaje del mozambiqueño, el Benfica logró el "sí quiero" de la persona más importante en la vida de Eusébio, su madre. Así, por la irrisoría cifra de 250.ooo escudos (hoy, 1247 euros) las aguilas firmaban al joven futbolista. El presidente de la época, Mauricio Vieira, "escondió" a la perla africana en un hotel de Algabre, oculto bajo un falso nombre -Ruth Malosso- hasta que por fin pudo llegar a Lisboa ese chico del que tan bien hablaba Mario Coluna, uno de los goleadores de la final ganada por el Benfica ese mismo año y, por supuesto, paisano de Eusébio.
Y con tan sólo 18 años, comenzó a escribir su le desde el primer día. Las odiosas comparaciones con Pelé cobraron sentido desde su debut, contra el propio Pelé y su legendario Santos en París. En el Parque de los Principes de encontraron O´Rei y el principe Eusébio mostró con un doblete su mejor carta de presentación. Pese a eso, Pelé es Pelé y marcó tres goles que ayudaron a su equipo a ganar el amistoso por 3-6. Por suerte, habría venganza.
Filippo Ricci: "Pese a ser africano, Eusébio suponía la respuesta europea a Pelé"
Como ya hemos comentado, los problemas burocráticos y la feroz competencia con hacerse con sus servicios hacen que pese a que Eusébio pisara Lisboa el 17 de diciembre de 1960, no disputara ningún partido hasta finales de 1961. Para entonces, el mítico club era probablemente uno de los mejores equipos de Europa. Un 3-2 ante el Barcelona de Kocsis, Suárez o Kubala le había coronado como el mejor equipo de Europa, siendo el primer equipo en destronar al Real Madrid de Di Stefano y compañía. Por tanto, palabras mayores para este Benfica, en el que Eusébio supone una bomba dentro y duera del terreno de juego para un equipo ya de por sí capaz de todo.
Sin embargo, la Pantera Negra era -y será- un factor diferencial que haría a los hinchas encarnados soñar durante toda una década. Eusébio era, indudeblemente, un delantero feroz y hambriento desterrado al centro del campo. Apuntaba el arco rival desde lejos para arrancar sus galopadas salvajes. Sus marcadores sabían que si explotaba a correr, adiós muy buenas. Como un francotirador, Eusébio esperaba el momento y lugar oportuno para correr, correr y correr, driblando rivales a una velocidad inverosimil. Eso es lo que le hacía diferente. La Pantera era capaz de correr los 100 metros lisos en 11 segundos. Quizás se equivocó de carrera, -pillen la ironía- el récord está en 10,1.
Eusébio: "Me gustaba jugar, ganar y sobre todo marcar."
Eusébio corría como una pantera y volaba como un águila hasta chocartanto con el arco rival como con las desesperadas infracciones de sus oponentes. Por supuesto, también solía pillar pasmados a los zagueros cuando conseguía cazar los solidarios pases al espacio de Coluna o Jaime Graça, ambos habituales asistentes del eterno goleador. Una vez frente al portero, Eusébio mostraba un catálogo de definiciones con ambas piernas. Breve y buena, así era su actuación en el área rival, sin importar el dónde, el quién o el como, a Eusébio solo le importaba una cosa: el gol.
El año 1962 sirvió como carta de presentación para el mundo, como anticipo del auténtico fenómeno que se les venía encima a Di Stefano, Pelé, Charlton, Suárez u otras estrellas de la época. El campeonato local se le quedaba corto, Eusébio, con apenas veinte años, necesitaba la Copa de Campeones.
Tras pasar los dieciseisavos sin jugar partidos en calidad de vigente campeón, el Benfica eliminó en octavos con facilidad al Austria de Viena por un global de 6-2. Los hombres de Bela Guttman resolvieron la papeleta en Da Luz con un contundente 5-1 en el que la Pantera colaboró marcando un obús a la escuadra izquierda del portero.
Tras doblegar en cuartos al Nuremberg alemán con otra exhibición en Lisboa de Eusébio, Aguas y Augusto esperaba en semifinales uno de los mejores equipos que han jugado por White Hart Lane, el Tottenham de otros grandes delanteros de la época como es Jimmy Greaves y Jimmy Robson, los Totnamiets. Pese al calibre del equipo que tenían en frente, al Benfica era imposible toserle en Lisboa y, de nuevo, un 3 goles a 1 le valió para asegurar una buena renta de goles de cara al partido en Londres.Eusébio podría cumplir muchos sueños en una noche. Enfrentarse a su ídolo -y amigo- Alfredo Di Stefano en la mismísima final de la Copa de Europa.
Alfredo Di Stefano: "Me vino a pedir la camiseta después del partido y se la di con mucho gusto. Nunca imaginaría que en ese momento comenzaría una gran amistad."
En la final, pese a perderla, brilló por encima de todos Ferenc Puskas. Cañoncito Pum reventó con un hat-trick las opciones lisboetas. Todos los goles que marcaban sólo servían para anular la voracidad del húngaro. Y ahí, en ese momento, con un partido espectacular, el 3-3 en el marcador, apareció. En su escenario. La pantera despertó, con un zapatazo -no fue el único del partido, ojo a Puskas y Cálem y Coluna- que adelantó, por fin, a su equipo. Pero aún quedaba la cabalgada. La mejor manera de demostrar el crack que se avecinaba. Eusébio, como lo grandes, era muy bueno y era totalmente consciente de ello. Partió de la banda derecha, adelantó a tres contrarios hasta que Pachín dijo basta con un derribo digno del fútbol americano.
Y bueno, la forma de definir en los penaltis, una auténtica marca de la casa de Eusébio. Completamente rígido, le pegaba con el interior del pie, habitualmente raso a un lado del portero. Y siempre le engañaba. Gordon Banks, Lev Yashin o en este caso, José Araquistaín lo comprobaron de primera mano.Así se forjó el 5-3 que sellaba un resultado marcado a fuego en el corazón de los benfiquistas. Tras el partido, Eusébio corrió a por la camiseta de Don Alfredo, llegando a decir que para él era más importante la camiseta de su ídolo que el propio trofeo. Admiración máxima la que, hasta el día de la muerte de Eusébio, se profesaban ambos. Algo habrá hecho bien cuando la mismísima saeta rubia declaró tras el fallecimiento de Eusébio que era "el mejor jugador de todos los tiempos."
A partir del histórico 5-3, nace la maldición de Bela Guttman. El técnico austro-húngaro pidió a la directiva un aumento de sueldo, y tras ser rechazada, abandonó el club dejando un mensaje que, a priori, no era más que una anécdota. "El Benfica no volverá a ganar una competición europea sin mi". Tras cincuenta y dos años, cinco finales de Copa de Europa y dos de Europa League (UEFA, Copa Ferias) la amenaza es un auténtico tabú en la capital lisboeta. Como anécdota, decir que el propio Eusébio visitó la tumba de su ex entrenador para pedirle que le dejara ganar la Copa de Europa contra el Milán en 1990... ¡en la misma ciudad donde estaba enterrado! De nada sirvió la buena intención de la Pantera.
En 1963 el Benfica seguía creciendo a la vez que pulía su diamante negro. La tercera final consecutiva de Copa de Europa enfrentaba a los portugueses con otro de los clubes más grandes del mundo, el AC Milan de Cesare Maldini, Trapattoni y el talentosísimo Giani Rivera.
Cesare Maldini: Después de que nos marcara esa locura, le dije a Trapattoni que no se separara de él".
A la espalda de Trapp y ante la impotente mirada del zaguero Mario David, Eusébio anotaba el primer gol del patido. Sprint, tiro cruzado, y con la colaboración del palo. 1-0. Por desgracia para nuestro protagonista, José Altafini, "Mazzola", sacó a relucir su temple italiano y su sangre carioca para remontar el partido. El segundo gol, de rebote tras una mala atajada de Da Costa en un uno contra uno, fue el inicio de la ya comentada maldición. El 2-1 final suponía el fin de un ciclo glorioso de títulos europeos para un equipo único, que pese a ello, seguiría su dictadura en la liga y realizó grandes actuaciones en las posteriores Copas de Europa,aunque a la salud de Guttman, sin levantar el título.
En 1965 llegaría por fin el reconocimiento individual a su talento. Conduciendo un autocar con su mujer, Eusébio recibió mediante la radio la noticia que le confirmaba como el mejor jugador de Europa. El Balón de Oro de la Pantera colocaría a África en el mapa futbolístico y supondría un soplo de aire fresco para reivindicar, quizás de forma fortuita, una solución para la cruenta Guerra de la Independencia de Mozambique. El país natal del delantero se colaba mediante el fútbol en las portadas, algo que utilizó Salázar para ensalzar el yugo de la metrópoli, utilizando la imagen de Eusébio en la selección portuguesa como mensaje: "Es mozanbiqueño y pertenece a Portugal".
Eusébio, Graça, Somâes y compañía regresaban a Inglaterra para disputar el Mundial de 1966 en la cuna del fútbol. Wembley, el estadio maldito en el que Mazzola derribó al Benfica, sería de nuevo clave en esta aventura. Simoes retó antes del acontecimiento a su compañero a cambiar su dorsal, el "8" por el maldito "13" . Y él, que confiaba más en sus piernas que en supesticiones, aceptó. "Serás el primer máximo goleador de un Mundial con el número 13 a la espalda." Su desbordante talento, famoso ya en todo el mundo se reía de la maldición de Bela, de Wembley y hasta de la Brasil de Pelé.
Tras vencer con comodidad a Bulgaria, con un gol de Eusébio,y perder contra la poderosa Hungría,Brasil, y no una cualquiera, la de Pelé. Portugal debutaba en un Mundial de la mano de la mejor generación de su historia contra la campeona de los mundiales de 1958 y 1962. Un momento del partido, rozando el pitido final, define el papel de Eusébio en Portugal. Goles como el 3-1, en un momento en el que Brasil apretaba, sin ángulo, por sorpresa, rápido, fuerte y con una precisión exquisita. Dice Rui Costa, que el único futbolista que sería ovacionado en todos los estadios de Portugal es él. ¿Por qué? Porque les hizo soñar cuando nunca nadie antes lo había hecho. Con dos goles en el bolsillo, Eusébio ponía rumbo a cuartos de final ante la sorpresa del campeonato, Corea del Norte.
En 30 minutos, los asiáticos vencían por 3 goles a 0. Habían eliminado a Italia y, desde luego, iban en serio. El problema es que Eusébio y los suyos también. "Si llegamos al descanso marcando algún gol, tenemos posibilidades". pensó. Y lo consiguieron, el crack mozanbiqueño arañó un pase interior para adelantarse a la salida del meta y anotar el primero. Un penalti al filo del descanso sirvió para incentivar a la bestia, que ya no pararía hasta darle la vuelta al marcador.
El tercer y el cuarto gol, son, sinceramente, una auténtica barbaridad. Un póquer que firmaba una de las mayores actuaciones a nivel individual de la historia de los mundiales. El cuarto, de nuevo de penalti, nace de sus botas tras emular un tren de alta velocidad por la banda izquierda hasta que el defensa coreano, como Pachín, no tiene más remedio que propinarle una dolorosa entrada. Un gol de cabeza en el área de castigo de José Augusto ponía el broche final a otro 5-3, que parece que va a resultar los dos números sagrados para, al menos, la hinchada del Benfica.
En semifinales, nace otro mito, el del capitán de la selección inglesa Booby Moore. El partido trae polémica porque debía jugarse en Old Trafford, donde Portugal había realizado una gran fase de grupos. De Manchester se pasó a Wembley, con el recuerdo de la final de 1963 en la memoria. Allí, dos goles de Charlton mandaron a luchar por el tercer puesto a Portugal, que pese a que recortó distancias por medio de Eusébio, el 2-1 no se movió y permitió a los anfitriones avanzar hacia la gran final. Portugal se conformaría con vencer a la Unión Soviética con en el minuto 89 gracias a un gol de José Torres, que junto a otro gol de la Pantera, suponía el bronce para los lusos. Eusébio tuvo el privilegio de batir desde los once metros a la Araña Negra Yashin, famoso por pararle una pena máxima al mítico Pelé. Una vez más, la comparación entre el brasileño y el mozambiqueño saltaba a la palestra. Con este resultado, Portugal debutaba en los Mundiales con un meritorio tercer puesto que, a día de hoy, no ha sido superado por ninguna otra generación. Y, por supuesto, Eusébio se coronó como máximo goleador con la friolera de 9 goles en tan solo 6 partidos. Su último gol, como todos los de la fase de grupos fue en el mismo estadio que, 51 años después, le brindó una tremenda ovación tras conocerse su fallecimiento. El "13" portugués ridiculizó los tópicos del número maldito a base de talento y corazón.
Pelé: "Lamento la muerte de mi hermano Eusébio. Somos amigos desde el Mundial del 66".
Sí en 1962 Eusébio logró que millones de aficionados situaran África en el mapa, tras el Mundial fue el turno de Portugal. Decía Simôes que "Sin Eusébio apenas podíamos aspirar a ganar la liga, con él, podíamos ganar la Copa de Europa". No sólo el legendario extremo derecho encarnado conocía las capacidades de este futbolista. Con la exhibición frente a Corea, Portugal entera se dio cuenta de lo que le debía el fútbol portugués a Eusébio era incalculable. Nació un mito veloz, sonriente y solidario con apenas 24 años.
Pese al indudable potencial del Benfica, la suerte no le volvió a ser favorable y no logró vencer ninguna Copa de Europa más, ni Eusébio ni el club hasta el momento. Aunque no será por ocasiones. En 1964, tras perder la final contra el Milan, el equipo lisboeta caería estrepitosamente por 5 goles a 0 en Dortmund, haciendo inútil el 2 a 1 cosechado en Da Luz.
No obstante, en el año en el que la Pantera Negra ganaría su Balón de Oro, el Benfica volvió a presentarse en la final tras desacerse, entre otros, del Real Madrid en los cuartos de final, tras resarcirse de lo ocurrido en Alemania con una manita a Gento, Puskas y compañía en Lisboa. El segundo gol de José Torres y el tercero, de Eusébio, auténticas muestras de la vehemencia y precisión en el golpeo del conjunto lisboeta. En el partido de vuelta se pudo ver la igualdad de dos grandísimos equipos ya que fue el Real Madrid el que abasalló a los portugueses pese a ganar por tan sólo 2 goles a 1. Hasta el Comandante Puskas falló un penalti ante el meta Pereira.
Alessandro Mazzola: "Tenían a Torres, a Coluna y a Eusébio, pero jugabamos en casa, esa final era nuestra."
Así, y con el "9" que ya le distingue como el delantero más peligroso del equipo y del mundo, se plantó en su tercera final contra el Inter de Milán. Jugando en San Siro, Helenio Herrera buscaba volver a arruinarles la fiesta a Eusébio y Suárez la venganza a la Copa de Europa del 61. La crueldad se cebó con los lusos cuando el carioca Jair da Costa recibió en el costado izquierdo y batió a Pereira, que falla estrepitosamente a la hora de blocar y el balón entra mansamente en la portería. El uno a cero fue suficiente para que Eusébio perdiera su segunda final consecutiva, y por desgracia, no la última.
En el 1966, año de la Sexta Copa de Europa del Real Madrid, el Benfica sufrió de nuevo un correctivo por el club que sería a la postre, su gran bestia negra, El Manchester United. Lo merecían los red devils, liderados por Bobby Charlton y el mitiquísimo Matt Busby, que tras muchos años en el anonimato se repuperaba del malogrado desastre aéreo que acabó con una de sus mejores generaciones de futbolistas.
Cinco goles fueron muestra de un juego tremendamente directo y demoledor del conjunto inglés. De hecho, en el segundo gol harry Gregg saca en largo hacía 3/4 de campo, Charlton recoge el balón, y con tres toques de balón, George Best liquida a Pereira. Por primera vez, se vio a un equipo doblegar al Benfica también en su campo, tras vencer en Da Luz por 3 goles a dos y confirmar el retorno de un grande al panorama internacional a costa de otro grande, el Benfica.
El 1967 sería la gran última final de nuestro protagonista, Eusébio Da Silva Ferreira. El Campeao portugués llegó a su última final tras anotar dos goles en la semifinal contra la Juventus. Un grito de rabia tras no comparecer en el año anterior por no haber ganado el campeonato local. Un cabezazo tremendo y un derechazo le valieron a la Pantera su última oportunidad. En frente, dos maldiciones. La de Guttmann y Wembley.
De nuevo su contrincante jugaba en casa ya que fue el Manchester United de Bobby Charlton el rival del Benfica. Este partido pasará a la historia por dejarnos uno de los momentos Fair-Play más importantes de la historia de la Champions League. Sí alguna vez se preguntan por qué Eusébio fue embajador del fútbol luso, la respuesta esté en este partido. Antes de que Charlton, Best y Kidd pasaran por encima del Benfica en una fatídica prórroga, La Pantera corría veloz hacía la meta rival. Un excelente pase le había dejado a solas con Alex Stepney, que logró detener un disparo duro y centrado del mozambiqueño. Increiblemente, Eusébio felicitó al guardamenta inglés inmediatamente después del error, en uno de los gestos más elegantes de la historia de este deporte. Luego, repito, se acabó la historia.
Tras ganar una Copa de Europa de las cuatro finales disputadas y levantar la friolera de once ligas portuguesas y cinco Taças, la mayor leyenda del club lisboeta se marchó de la élite para pasar sin demasiado éxito por muchos equipos en tan sólo dos años, hasta que sus piernas dejaron de ser las más rápidas.
Sir Bobby Charlton: "Eusébio es uno de los mejores futbolistas a los que me he enfrentado."
Eusébio fue un adelantado a su tiempo. Muchos le atribuyen el mérito de ser el primer gran portugués. Quizás Luis Figo o Cristiano Ronaldo le deban bastante al africano. Regate por potencia, precisión en el golpeo y una constante hiperactividad son quizás características de los tres futbolistas citados. Aún así, la realidad es que pasados 51 años ningún futbolista le ha dado a nuestros vecinos la grandeza que le dió su Pantera. Y de hecho, no ha habido ninguna despedida a un futbolista luso tan emotiva. El mundo entero lloró la muerte del ídolo. Bobby Charlton, Di Stéfano, Pelé, Cesare Maldini. Sus rivales, vencedores o vencidos, lamentan el adiós de un futbolista que despertó en la mayoría de ellos admiración que más adelante fue amistad.
Ycon esto señores cerramos este artículo que nos ha enseñado la grandeza del fútbol luso personificada. Según la FIFA, el noveno mejor futbolista del siglo XX, según la generación lusa que le vio arrasar, el mejor de sus vidas. En Portugal dejó de rugir La Pantera que hizo soñar a una nación. Y los sueños, al igual que las leyendas, son eternos.












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